¡A dormir!

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Foto: Bigotito dormido. Mi relación con el sueño ha sido complicada siempre. Que si mucho estrés, o mucha fiesta, o los deberes, o si tengo que trabajar, que mis hermanos tienen que ensayar, que si la bebé, los perros, los gatos o el gallo de los vecinos, cualquier pretexto ha sido bueno para el insomnio. He usado melatonina, L-Triptófano, meditación, ejercicio, sol durante el día, leche caliente y hasta ajo picado en la noche. No he tomado medicamentos que produzcan riesgo adictivo, pero en ocasiones pienso que pueden ayudar si el médico te supervisa. Y sí, todo ayuda, pero lo que más me ha servido ha sido entender, con toda la claridad posible, los peligros del mal dormir. Así que, hoy quiero compartir contigo lo que sé y lo que me sirve, y espero que te ayude a mejorar y, sobre todo, a tomar muy en serio este asunto del descanso nocturno. ¿Qué es la proteína beta amiloide? La beta amiloide es una proteína que se produce naturalmente en nuestro cerebro a partir de una proteína más...

Salud mental en Diciembre: sobreviviendo a las fiestas

 


Ah, la navidad. Los centros comerciales se llenan de luces y bombillos, la gente compra, los presupuestos sufren. Algunos viajan, otros reciben viajeros. Hay quienes sí celebran, decorando, cocinando para toda la familia, y hay quienes no le dan tanta importancia. Lo cierto es que, en este mes, el estrés aumenta, y con él, la vulnerabilidad a los problemas en la salud mental.

Los datos

Los estudios encuentran que, antes de las festividades, los servicios de salud mental ven una caída en el flujo normal de pacientes. La gente prefiere ocuparse de otras cosas mientras intenta adaptarse a las festividades y sus exigencias. Pero, en los días posteriores a las fiestas, estos servicios ven un aumento en la demanda proporcional a la disminución previa. Entonces, ¿qué pasa con la salud mental?

Expectativas y excesos

El espíritu navideño parece relacionarse con las grandes cenas familiares, las fiestas, el intercambio de regalos y las relaciones amorosas: una idealización que puede afectarnos con la creencia de que todos los demás están pasándola bien con sus familias y sus seres queridos, mientras que nosotros nos enfrentamos a los vacíos, los conflictos o los bajos presupuestos. Esta creencia de la felicidad de los demás y el vacío en uno mismo parece ser un factor central en las depresiones navideñas.

La soledad, la distancia de la familia, la imposibilidad de cumplir con esta representación de las festividades, son todos aportes al aumento de una sensación de depresión. Pero nuestro imaginario de la felicidad ajena no es más que eso; una idealización que excluye el estrés que muchas personas experimentan al intentar cumplir con esa expectativa social y autoimpuesta de la cena navideña perfecta. Lo cierto es que diciembre muestra picos en las intoxicaciones por alcohol, accidentes de tránsito, violencia física y tantas otras cosas que dan cuenta de un mes complejo, que dista del imaginario de felices fiestas que podemos tener.

Los problemas, en esta época, se concentran alrededor de los riesgos más mundanos, como los gastos, el consumo de alcohol, las consecuentes intoxicaciones y los accidentes de tránsito, y el aumento de la violencia física.

El vacío posterior

Ahora bien, sobre la depresión y los intentos de suicidio, lo que se observa en distintos estudios es que, antes y durante la navidad estos disminuyen, pero hacia el año nuevo, aumentan. Las personas pueden presentar estas variaciones entre las expectativas navideñas y la presión del fin de ciclo, y los excesos de las fiestas pueden influir en este aumento de la desesperanza y el vacío hacia el inicio del nuevo año. Por algunos días, los síntomas depresivos pueden intensificarse, y es cuando más atención necesitamos dar a las personas vulnerables.

La ‘fase maníaca’ de las fiestas puede verse seguida de un período depresivo y desesperanzador, lo que produce un aumento en la demanda de servicios de salud mental y la necesidad de buscar espacios para procesar esta época.

¿Y entonces?

Volvamos a lo básico, a lo que sabemos que nos hace bien. Establece estrategias de autocuidado que te faciliten transitar por estas fechas desde la protección: mantén una rutina, como el horario para descansar, el ejercicio regular y la alimentación sana, para que puedas manejar el estrés normal de esta época y mejorar tu estado de ánimo.

Haz tiempo para ti, concentrándote en actividades que disfrutas como leer, escuchar música, mirar una serie o aprender a meditar. El tiempo a solas en esta época es saludable y te ayuda a mantener una batería social recargada y capaz de tolerar todas las demandas de las fiestas.

Evita los excesos, poniendo atención a tu consumo de café, alcohol u otras sustancias. ¡No te repitas la cena! Toma mucha agua y cuida lo que ingieres y la cantidad. El alcohol en exceso es peligroso no solo por los accidentes y la violencia, sino también porque puede aumentar la sensación de ansiedad y tristeza. Así que, ¡dale suave! Y planifica con tus amigos y familia para que, en cada auto, haya un conductor designado.

Practica la gratitud, y enfócate en todas las cosas buenas que sí tienes, que sí logras, que te traen una sensación de calma y optimismo. Tómate el tiempo para enfocarte en tus objetivos, tus logros y tus aprendizajes, y reconoce las personas y actividades que te traen alegría. Pon límites cuando sea necesario, y recuerda que, si alguna invitación te está causando mucho estrés, está bien decir “no, gracias”. Deja ir a la idea de unas festividades perfectas, y construye más bien una postura que te permita tener un disfrute relajado de lo que ya tienes.

Cuida tu presupuesto y tu tiempo de manera realista. La gente que te quiere lo hace con o sin regalo, así que no te preocupes si este año los fondos son insuficientes. El afecto no lo es. Puedes dar mucho de ti sin tener que declararte en bancarrota el próximo mes. Más bien, mantén la conexión con las personas que te importan, con mensajes, llamadas o visitas. Una funda de cachitos en la tienda puede ser uno de los recuerdos más especiales, porque el tiempo compartido conversando, riendo y soltando preocupaciones es invaluable.

Si tus sentimientos de duelo o soledad aparecen, reconócelos y conversa con alguien en quien confías. Escribe un diario de las cosas que te preocupan o te molestan, y termina siempre con las cosas que aprecias o que te agradan. No sueltes la complejidad: las cosas nunca son blanco o negro, y en todo momento o situación hay matices que te ayudan a recordar que también hay alegría y satisfacción en tu vida. Al mismo tiempo, acuérdate de apoyar a las personas que puedan sentirse aisladas, y ábrete a la posibilidad de comprender las experiencias que son diferentes a lo que tú vives.

Contrario a la canción navideña del Pato Lucas, que lo único que quiere por Navidad es más, más, más (https://www.youtube.com/watch?v=vrZoNQtekCE), las fiestas pueden ser una oportunidad para aportar al bienestar de otras personas. Puedes organizarte con tu familia o amigos para idear maneras de contribuir, o buscar grupos de voluntarios sobre temas que te preocupen. Toda buena acción cuenta y suma a tu estado de bienestar, sin importar la magnitud. Haz solamente lo que puedas, pero pon atención a cualquier gesto o detalle que pueda traer algo de alegría a los demás.

Y si sientes que estás luchando contra emociones muy fuertes, busca ayuda profesional. La ansiedad, la depresión y el estrés son tratables, y no hace falta quedarse en el lugar del mártir mientras tu energía disminuye. En esta época, tu bienestar es el punto de partida para todo lo que quieras compartir con los demás.  

Imagen de Story Taler en Pixabay

 

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