Salud mental en Diciembre: sobreviviendo a las fiestas
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Ah, la navidad. Los centros comerciales se llenan de luces y
bombillos, la gente compra, los presupuestos sufren. Algunos viajan, otros
reciben viajeros. Hay quienes sí celebran, decorando, cocinando para toda la
familia, y hay quienes no le dan tanta importancia. Lo cierto es que, en este
mes, el estrés aumenta, y con él, la vulnerabilidad a los problemas en la salud
mental.
Los datos
Los estudios encuentran que, antes de las festividades, los
servicios de salud mental ven una caída en el flujo normal de pacientes. La
gente prefiere ocuparse de otras cosas mientras intenta adaptarse a las
festividades y sus exigencias. Pero, en los días posteriores a las fiestas, estos
servicios ven un aumento en la demanda proporcional a la disminución previa.
Entonces, ¿qué pasa con la salud mental?
Expectativas y excesos
El espíritu navideño parece relacionarse con las grandes cenas
familiares, las fiestas, el intercambio de regalos y las relaciones amorosas:
una idealización que puede afectarnos con la creencia de que todos los demás
están pasándola bien con sus familias y sus seres queridos, mientras que
nosotros nos enfrentamos a los vacíos, los conflictos o los bajos presupuestos.
Esta creencia de la felicidad de los demás y el vacío en uno mismo parece ser
un factor central en las depresiones navideñas.
La soledad, la distancia de la familia, la imposibilidad de
cumplir con esta representación de las festividades, son todos aportes al
aumento de una sensación de depresión. Pero nuestro imaginario de la felicidad
ajena no es más que eso; una idealización que excluye el estrés que muchas
personas experimentan al intentar cumplir con esa expectativa social y
autoimpuesta de la cena navideña perfecta. Lo cierto es que diciembre muestra
picos en las intoxicaciones por alcohol, accidentes de tránsito, violencia
física y tantas otras cosas que dan cuenta de un mes complejo, que dista del
imaginario de felices fiestas que podemos tener.
Los problemas, en esta época, se concentran alrededor de los
riesgos más mundanos, como los gastos, el consumo de alcohol, las consecuentes
intoxicaciones y los accidentes de tránsito, y el aumento de la violencia
física.
El vacío posterior
Ahora bien, sobre la depresión y los intentos de suicidio,
lo que se observa en distintos estudios es que, antes y durante la navidad
estos disminuyen, pero hacia el año nuevo, aumentan. Las personas pueden
presentar estas variaciones entre las expectativas navideñas y la presión del
fin de ciclo, y los excesos de las fiestas pueden influir en este aumento de la
desesperanza y el vacío hacia el inicio del nuevo año. Por algunos días, los
síntomas depresivos pueden intensificarse, y es cuando más atención necesitamos
dar a las personas vulnerables.
La ‘fase maníaca’ de las fiestas puede verse seguida de un
período depresivo y desesperanzador, lo que produce un aumento en la demanda de
servicios de salud mental y la necesidad de buscar espacios para procesar esta
época.
¿Y entonces?
Volvamos a lo básico, a lo que sabemos que nos hace bien. Establece estrategias de autocuidado que te faciliten transitar por estas
fechas desde la protección: mantén una rutina, como el horario para descansar,
el ejercicio regular y la alimentación sana, para que puedas manejar el estrés
normal de esta época y mejorar tu estado de ánimo.
Haz tiempo para ti, concentrándote en actividades que
disfrutas como leer, escuchar música, mirar una serie o aprender a meditar. El
tiempo a solas en esta época es saludable y te ayuda a mantener una batería
social recargada y capaz de tolerar todas las demandas de las fiestas.
Evita los excesos, poniendo atención a tu consumo de café,
alcohol u otras sustancias. ¡No te repitas la cena! Toma mucha agua y cuida lo
que ingieres y la cantidad. El alcohol en exceso es peligroso no solo por los
accidentes y la violencia, sino también porque puede aumentar la sensación de ansiedad
y tristeza. Así que, ¡dale suave! Y planifica con tus amigos y familia para
que, en cada auto, haya un conductor designado.
Practica la gratitud, y enfócate en todas las cosas buenas
que sí tienes, que sí logras, que te traen una sensación de calma y optimismo.
Tómate el tiempo para enfocarte en tus objetivos, tus logros y tus
aprendizajes, y reconoce las personas y actividades que te traen alegría. Pon
límites cuando sea necesario, y recuerda que, si alguna invitación te está causando
mucho estrés, está bien decir “no, gracias”. Deja ir a la idea de unas
festividades perfectas, y construye más bien una postura que te permita tener
un disfrute relajado de lo que ya tienes.
Cuida tu presupuesto y tu tiempo de manera realista. La gente
que te quiere lo hace con o sin regalo, así que no te preocupes si este año los
fondos son insuficientes. El afecto no lo es. Puedes dar mucho de ti sin tener
que declararte en bancarrota el próximo mes. Más bien, mantén la conexión con
las personas que te importan, con mensajes, llamadas o visitas. Una funda de
cachitos en la tienda puede ser uno de los recuerdos más especiales, porque el
tiempo compartido conversando, riendo y soltando preocupaciones es invaluable.
Si tus sentimientos de duelo o soledad aparecen, reconócelos
y conversa con alguien en quien confías. Escribe un diario de las cosas que te
preocupan o te molestan, y termina siempre con las cosas que aprecias o que te
agradan. No sueltes la complejidad: las cosas nunca son blanco o negro, y en
todo momento o situación hay matices que te ayudan a recordar que también hay
alegría y satisfacción en tu vida. Al mismo tiempo, acuérdate de apoyar a las
personas que puedan sentirse aisladas, y ábrete a la posibilidad de comprender
las experiencias que son diferentes a lo que tú vives.
Contrario a la canción navideña del Pato Lucas, que lo único
que quiere por Navidad es más, más, más (https://www.youtube.com/watch?v=vrZoNQtekCE),
las fiestas pueden ser una oportunidad para aportar al bienestar de otras
personas. Puedes organizarte con tu familia o amigos para idear maneras de
contribuir, o buscar grupos de voluntarios sobre temas que te preocupen. Toda
buena acción cuenta y suma a tu estado de bienestar, sin importar la magnitud.
Haz solamente lo que puedas, pero pon atención a cualquier gesto o detalle que
pueda traer algo de alegría a los demás.
Y si sientes que estás luchando contra emociones muy fuertes,
busca ayuda profesional. La ansiedad, la depresión y el estrés son tratables, y
no hace falta quedarse en el lugar del mártir mientras tu energía disminuye. En
esta época, tu bienestar es el punto de partida para todo lo que quieras
compartir con los demás.
Imagen de Story Taler en Pixabay
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