Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta jiu-jitsu

El estrés que ya no notas: cómo hacerle un mapa al cansancio de todos los días

Imagen
  Hace poco una paciente me dijo, casi de pasada: "yo no estoy estresada, doctorita, así es la vida no más". Llevaba ocho meses durmiendo mal, había subido siete kilos sin saber muy bien cómo, peleaba con su esposo por cosas pequeñas, y ya casi no veía a sus amigas. Pero no estaba estresada. Así es la vida no más. Y la entiendo. Nos acostumbramos al estrés como nos acostumbramos al tráfico de Quito: dejamos de notarlo, dejamos de quejarnos, asumimos que es parte del paisaje. Y mientras tanto, el cuerpo va pagando la factura por su cuenta, calladito. De eso quiero hablar hoy. No del estrés agudo, ese que te aprieta el pecho antes de una entrega importante y se va cuando entregas; sino del otro estrés, el que se queda viviendo en tu casa sin pagar arriendo, el que ya no notas pero que te está modificando por dentro: el sueño, la digestión, el ánimo, la paciencia, la libido, los vínculos.  ¿Qué le hace el estrés crónico a tu cuerpo y a tu mente? El estrés no es un enemig...

Atrevernos a fracasar: el rol del hobby

Imagen
Imagen de Grok. Nos pasamos la vida esperando el momento perfecto para hacer lo que realmente nos gusta: cuando estemos más flacos, más libres, más hábiles, cuando tengamos más tiempo, más plata, menos vergüenza. Pero ese momento casi nunca llega . Y mientras tanto, nos quedamos sin hacer nada de lo que de verdad nos mueve. A mí, por ejemplo, me gusta el Jiu-Jitsu. No soy buena, para nada. Tengo 46 años, el cuerpo ya no responde igual que a los 20, me salen moretones que duran una eternidad y una buena botada me da ganas de llorar. Mi último profe se fue a dar clases en otro país, y desde entonces he dejado los uniformes olvidados en el closet. Hace poco, el estrés, las presiones de la vida y las crisis correspondientes me llevaron a buscar una academia. ¿Será? Qué papelón. No he rodado hace años. Y es caro. Pero está cerca de mi casa... He pensado en retomarlo, y he tenido un monólogo interior ambivalente, diciendo, no, para qué, si eres malísima, mejor prioriza el gimnasio. Y luego...