El estrés que ya no notas: cómo hacerle un mapa al cansancio de todos los días
Hace poco una paciente me dijo, casi de pasada: "yo no estoy estresada, doctorita, así es la vida no más". Llevaba ocho meses durmiendo mal, había subido siete kilos sin saber muy bien cómo, peleaba con su esposo por cosas pequeñas, y ya casi no veía a sus amigas. Pero no estaba estresada. Así es la vida no más. Y la entiendo. Nos acostumbramos al estrés como nos acostumbramos al tráfico de Quito: dejamos de notarlo, dejamos de quejarnos, asumimos que es parte del paisaje. Y mientras tanto, el cuerpo va pagando la factura por su cuenta, calladito. De eso quiero hablar hoy. No del estrés agudo, ese que te aprieta el pecho antes de una entrega importante y se va cuando entregas; sino del otro estrés, el que se queda viviendo en tu casa sin pagar arriendo, el que ya no notas pero que te está modificando por dentro: el sueño, la digestión, el ánimo, la paciencia, la libido, los vínculos. ¿Qué le hace el estrés crónico a tu cuerpo y a tu mente? El estrés no es un enemig...