Atrevernos a fracasar: el rol del hobby

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Imagen de Grok. Nos pasamos la vida esperando el momento perfecto para hacer lo que realmente nos gusta: cuando estemos más flacos, más libres, más hábiles, cuando tengamos más tiempo, más plata, menos vergüenza. Pero ese momento casi nunca llega . Y mientras tanto, nos quedamos sin hacer nada de lo que de verdad nos mueve. A mí, por ejemplo, me gusta el Jiu-Jitsu. No soy buena, para nada. Tengo 46 años, el cuerpo ya no responde igual que a los 20, me salen moretones que duran una eternidad y una buena botada me da ganas de llorar. Mi último profe se fue a dar clases en otro país, y desde entonces he dejado los uniformes olvidados en el closet. Hace poco, el estrés, las presiones de la vida y las crisis correspondientes me llevaron a buscar una academia. ¿Será? Qué papelón. No he rodado hace años. Y es caro. Pero está cerca de mi casa... He pensado en retomarlo, y he tenido un monólogo interior ambivalente, diciendo, no, para qué, si eres malísima, mejor prioriza el gimnasio. Y luego...

¿Quieres entender qué les pasa a tus hijos jóvenes?

 

Psicóloga en Cumbayá habla sobre identidad

La búsqueda de identidad en la adolescencia: Entre la angustia y la sobreprotección

La adolescencia y la adultez temprana son etapas de transformación, un torbellino de emociones, preguntas y contradicciones. Es el momento en que una persona comienza a preguntarse: ¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Cómo encajo en este mundo? Esta búsqueda de identidad, aunque natural, puede volverse un terreno pantanoso cuando se enfrenta a las expectativas externas, especialmente las de los padres. La tensión entre el deseo de autonomía del joven y la imposición de normas familiares genera una disonancia que, si no se maneja con cuidado, puede complicar más la dinámica familiar. Como psicóloga en Cumbayá, Quito, quiero compartir algunos aspectos de la adolescencia.

La lucha por ser uno mismo frente a la autoridad parental

Las prioridades parecen configurarse en diferentes idiomas entre los padres y los hijos en estas etapas. Mientras el joven quiere pasar tiempo con sus amigos, explorar el mundo, tomar decisiones, equivocarse y aprender, sus padres priorizan las tareas y las responsabilidades: "Termina la tarea, ordena tu cuarto, no olvides la cita con el dentista". Para los padres, estas demandas son una forma de enseñar responsabilidad, de preparar a sus hijos para la vida adulta. Pero para el joven, estas imposiciones pueden sentirse como una jaula que limita su capacidad de descubrir quién es.

Esta contradicción no es solo un choque de voluntades; es una disonancia cognitiva. Los padres ven el cumplimiento de tareas como un pilar de la madurez, mientras que la persona joven anhela confianza, un espacio para probar, fallar y construir su identidad. Cuando un joven siente que su valor depende de cumplir expectativas externas, su autoestima puede tambalearse. La pregunta ¿Soy suficiente tal como soy? comienza a resonar, y la respuesta a menudo se pierde en la presión de complacer. Esto puede producir angustia y un deseo de alejarse de la familia, ir a vivir por su cuenta o salir del país.

La sobreprotección: Un abrazo que ahoga

En las últimas décadas, hemos visto una tendencia creciente hacia la sobreprotección. Los padres, con la mejor de las intenciones, buscan resguardar a sus hijos de todo peligro, físico o emocional. Desde programar cada minuto de su día hasta intervenir en sus conflictos escolares, esta hipervigilancia tiene un costo. Al evitar que los jóvenes enfrenten desafíos, se les priva de la oportunidad de desarrollar resiliencia, autoconfianza y un sentido claro de quiénes son.

La sobreprotección envía un mensaje implícito: No eres capaz de manejarlo solo. Con el tiempo, esto puede traducirse en adultos jóvenes que dudan de sus capacidades, que temen tomar decisiones por miedo al fracaso o que buscan constantemente la validación externa. La identidad, que debería construirse a través de la experiencia y la autorreflexión, queda atrapada en una red de dependencia.

Un estudio de la Universidad de Minnesota (2018) encontró que los jóvenes criados en entornos sobreprotectores tienden a mostrar mayores niveles de ansiedad y menor tolerancia al estrés en la edad adulta. Esto no es sorprendente: si nunca se te permitió caer, ¿cómo aprendes a levantarte?

Encontrar el equilibrio: Confianza sobre control

La clave para apoyar a los adolescentes en su búsqueda de identidad no está en eliminar las reglas, sino en transformar la dinámica de poder en una de confianza. Los padres pueden empezar por escuchar activamente, sin juzgar, y por reconocer que los errores son parte del crecimiento. Un joven que siente que sus padres confían en su capacidad para tomar decisiones —incluso si a veces se equivoca— estará más dispuesto a asumir riesgos saludables y a construir una identidad sólida.

Por su parte, los adolescentes pueden beneficiarse de comunicar sus necesidades con claridad. Decir “Necesito sentir que confías en mí” puede abrir la puerta a un diálogo que reduzca la tensión. Este intercambio no elimina la disonancia, pero la hace manejable, convirtiéndola en una oportunidad para el crecimiento mutuo.

Un llamado a la valentía

La búsqueda de identidad es un viaje desafiante, lleno de tropiezos y descubrimientos. Para los padres, implica soltar el control y abrazar la incertidumbre de ver a sus hijos convertirse en quienes están destinados a ser. Para los jóvenes, significa atreverse a ser auténticos, incluso cuando el mundo parece exigir perfección.

En este baile entre autonomía y guía, la confianza es el puente que une ambos mundos. Permitamos que los adolescentes exploren, caigan y se levanten. Solo así podrán responder, con seguridad, la pregunta más importante: ¿Quién soy? En ocasiones, un espacio de acompañamiento familiar permite desenredar las perspectivas de cada miembro de la familia, facilitando el proceso de desarrollo que corresponde a esta etapa. Aclarando los malentendidos, los lazos pueden reforzarse mientras se amplían las libertades y la confianza. 


Imagen de Jose Antonio Alba en Pixabay

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